Discover Telefon Tel Aviv!

En 1910 una humilde vecina de Castilleja de la Cuesta patentó una fórmula casera para convertirla en un éxito. Harina, azúcar, aceite de oliva, ajonjolí y matalauva. Así nacía la torta de aceite de Inés Rosales.
En el área rural de Tonghu (China), Jin Ping (Lucy Liu) monta una clínica móvil para donantes de sangre. Por cada extracción que hace paga al donante, normalmente agricultores del lugar, unos cuatro euros y almacena la muestra obtenida bajo una etiqueta que dice 'salsa roja picante'. Ping, una joven embarazada, se gana la confianza de sus clientes al afirmar que trabaja para el Gobierno y que recoge muestras de sangre para suministrar a los hospitales. Pero, en realidad, forma parte de una red ilegal de clínicas privadas. La poca seguridad con la que realiza las extracciones pone en riesgo la salud de los donantes. Por conseguir unos euros que les hacen mucha falta, los agricultores pagarán un precio muy caro: tendrán que aprender a vivir con el VIH. La historia de Jin Ping abre la película 'Tres agujas', en la que el director canadiense Thom Fitzgerald ofrece tres caras de una misma realidad: la epidemia del sida en el mundo.
La que muchos consideran como la gran pandemia de nuestro tiempo, el sida, es una enfermedad que nuestro Ministerio de Sanidad y Consumo define como “un estado avanzado de la infección causada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que provoca la destrucción progresiva del sistema inmunitario” y de la que, por desgracia, se contagian 33 millones de personas cada año y aproximadamente 7.000 mujeres jóvenes cada día. Este último dato, resulta cuanto menos alarmante si tenemos en cuenta las barreras protectoras que existen y que podemos poner para que el sida no siga robando vidas.Sin embargo, hay un grave problema: la falta de información y acceso de gran parte de la población mundial a estas medidas para prevenir el contagio. Las barreras ideológicas, culturales y religiosas, el hecho de que aun hoy el sexo continúa siendo un tema tabú, especialmente para las mujeres, y, sobre todo, la falta de recursos económicos de los que muchos disponen para poder costeárselos agravan, y mucho, el problema.
"Lah normah gráfikah ke ze prehentan en ehte dokumento zon, komo reza er zuhtítulo, una propuehta, abierta y flezible, pa empezà a trabahà". Azí comienza la propuehta de normah ortográfikah pa la lengua andaluza elaborá por el ehkritó Huan Porrah, uno de loh integranteh de la Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú.